Escribe: Jaime De Althaus Guarderas
Viernes 30 de Diciembre del 2011
El 2012 será el año de la batalla por la minería. Por la gobernabilidad en general. Esa batalla, condición necesaria para la propia inclusión social, parece perdida de antemano si pasamos revista a los problemas que habría que resolver primero para tener posibilidades de ganarla. Básicamente las fallas estructurales de nuestra democracia y de nuestro Estado. ¿Cómo hacemos si no hay partidos y, por lo tanto, los caciques regionales y locales carecen de lealtades nacionales? ¿Cómo hacemos si tampoco hay amplias clases medias contribuyentes a las cuales esos caciques deban responder? Peor aun si disponen ahora de recursos transferidos sin condicionalidad alguna por el Gobierno Central como nunca antes, recursos que no solo alimentan el patrimonialismo y clientelismo en la gestión sino que desatan la pugna por el botín presupuestal llevando a los competidores de la autoridad elegida a acaudillar luchas radicales a fin de acumular votos para la próxima elección o para demandar la revocatoria del alcalde.
Es la feudalizacion del país. El remedio –la descentralización– que se encontró para resolver otra falla estructural del país –el centralismo– se aplicó de tal manera que ahora se ha convertido en un problema en sí mismo, que también debe ser resuelto.
El Gobierno Central ni siquiera ha podido desarrollar una institucionalidad ambiental que le permita explicar, mediar y fiscalizar a fin de prevenir conflictos. ¿Podrá hacerlo en menos de un año? Si al negro pasivo histórico de la minería se suma la desconfianza esencial de poblaciones no plenamente integradas al mercado, legalmente endogámicas, que carecen de derechos de propiedad individual efectivos y que siguen percibiendo al ‘otro’, sobre todo si es autoridad o empresario, como ‘patrón’ abusivo, comprenderemos la facilidad para la movilización antiminera. El campesino debe terminar de convertirse en empresario. Debe gestarse una burguesía rural andina. Pero eso tampoco se hace en un año.
En el corto plazo, las mencionadas fallas estructurales y el consecuente vacío de gobernabilidad solo pueden ser suplidos por un weberiano liderazgo carismático del presidente de la República, que le lleve a conducir personalmente una cruzada por la gran transformación tecnológica y productiva de los campesinos andinos y por la lucha contra el cambio climático, de modo de acelerar la formación de una clase media rural y, mientras tanto, de construir una relación de confianza con la base social que permita la gobernabilidad. Y lograr que paulatinamente esa relación de confianza se vaya trasladando a las instituciones, nacionales y subnacionales, en la medida en que estas, por su parte, se despatrimonializan, reforman y modernizan.
viernes, 30 de diciembre de 2011
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