lunes, 7 de febrero de 2022

¿Qué diría San Francisco?

 

Recuerdo con mucha nostalgia la escena de la hermosa película ‘Hermano Sol, Hermana Luna’ de Franco Zeffirelli, en la que Francisco de Asís con un gesto de absoluto desprendimiento deja todas sus pertenencias y se queda desnudo como señal de la renuncia a los bienes materiales de este mundo y de esa manera abrazar con toda su existencia la vida espiritual.

Hace pocos años, tras la renuncia de Benedicto XVI, otra imagen me impactó muchísimo. Durante el cónclave para elegir a su sucesor, en medio de la Plaza San Pedro, un hombre vestido con lo que parecía un hábito franciscano, visiblemente desgastado, estaba arrodillado con los brazos abiertos en actitud suplicante.  A las pocas horas la ‘fumata blanca’ salía por las chimeneas del Palacio Vaticano anunciando que se había elegido al 266º Pontífice.

Al aparecer el Cardenal Camarlengo, pronunció las esperadas palabras: ‘Habemus Papam’, y anunció que Jorge Mario Bergoglio, llegado desde las lejanas tierras de Argentina, era el nuevo Papa y que tomaría el nombre de Francisco, con una clara intención de imprimirle a su pontificado un carácter de humildad. Lo cual era una buena señal para la iglesia universal.

Anoche me llamó poderosamente la atención ver una imagen de 4 frailes franciscanos vestidos con un hábito impecable, que buscaban las cámaras para declarar sobre un supuesto atropello a un patrimonio perteneciente a la orden y declaraban que era un ataque a la iglesia. Con mucha seguridad afirmaban que ellos desconocían el tema.

Inmediatamente, los dignos de siempre, comenzaron a inundar las redes sociales y a rasgarse las vestiduras, sin conocer siquiera sobre el tema y dando por ciertas las primeras declaraciones que escuchaban.

Pues parece que el panorama es completamente diferente. Para empezar la ‘propiedad’ que reclaman estos monjes, nunca fue de ellos, éste era un espacio público desde el siglo XVI, el que, arbitrariamente, hacia fines de los ochenta, cercaron y pusieron unas rejas, que de históricas no tenían nada.  Aluden que se ha destruido un patrimonio cultural, lo cual no corresponde a la verdad pues la declaración del Centro Histórico como Patrimonio Cultural fue en 1971, casi dos décadas antes.

Mencionan que no ha habido proyecto, ni estudios para realizar este trabajo. La Municipalidad de Lima ha demostrado que sí existen, e incluso hace dos años de hicieron investigaciones arqueológicas, para cerciorarse que no habría riesgo alguno para las catacumbas y más bien se restituirían los valores patrimoniales originales. Todo ha sido aprobado por las diferentes instancias del Ministerio de Cultura, encargado de velar por la preservación del patrimonio histórico. Esta obra, que estará lista en 8 meses, forma parte de la ejecución Plan Maestro de Recuperación del Centro Histórico de Lima, aprobado por el Concejo Municipal en diciembre de 2019, que cuenta con el visto bueno de Unesco y de todos los estamentos vinculados.

Por último, indican que a ellos les ha sorprendido el no estar enterados de esta situación. Eso es lo más indignante pues no existe otro nombre para calificar esa afirmación más que: MENTIRA.

Los franciscanos, tal como ha indicado la propia Municipalidad, han participado en numerosas reuniones, desde hace mucho tiempo y han recibido varias notificaciones, en las que se les indicaba que ese espacio iba a retornar a ser público, para su libre circulación, pues nunca fue propiedad ni de la iglesia, ni de ellos. Era más honesto decir, ‘conocemos muy bien del tema, y nos oponemos’, que decir que no lo conocían y tratar de engañar a la opinión pública.

Han comenzado a aparecer videos e imágenes antiguas de la destrucción del patrimonio por parte de ellos mismos, sacando desmonte en la madrugada, lo cual habla claramente que el irrespeto al patrimonio no viene de parte de la Municipalidad. Se aprecian también fotografías que este espacio público se usaba en la noche como playa de estacionamiento, o sea, para el negocio de alguien.

Por último, se quejan que el operativo se ha hecho de madrugada sin autorización de nadie, cuando han contado con todos los permisos del Ministerio de Cultura, Ministerio Público, Policía Nacional y la propia Municipalidad. Por el contrario, ha sido una acción decidida y muy bien articulada, con el liderazgo del alcalde Muñoz y el equipo de Prolima.

Esta noticia es muy buena para la Ciudad pues es un paso más en el esfuerzo de generar espacios públicos de calidad en el camino de recuperación del Centro Histórico. Ganan los ciudadanos y gana la Ciudad, y si esto lo entienden los propios franciscanos podrán capitalizar esto para sus propios fines.

Estoy seguro que San Francisco en el Siglo XIII y Francisco el del Siglo XXI les dirían a los frailecitos: usen más el hábito para predicar y atraer fieles a la iglesia, que en tratar de acumular bienes que no les corresponden. Sería bueno que su hábito esté un poquito más desgastado por su uso pastoral, como el del monje Coppo que mencioné al principio, y no tan planchadito para las cámaras. Necesitamos más franciscanos apóstoles en estos tiempos difíciles.

El Centro Histórico de Lima está en pleno proceso de renacimiento.