viernes, 25 de mayo de 2012

Presentan novela ·El Socio de Dios"



Federico García Hurtado, nos ha invitado a la presentacióin de su novela EL SOCIO DE DIOS  que se presentará el 19 de junio a las 7:00 pm. en el Club Departamental Cusco (Ver afiche). Esto se realiza en el marco de los festejos por la semana jubilar del Cusco.
Comentaristas:
Ing. Juan Inchaustegui Vargas
Dr. Eduardo Arroyo Laguna
Artista Plástico : Bruno Portuguez
Lugar Club Departamental Cusco

lunes, 21 de mayo de 2012

Los hombres mediocres

Articulo sobre la realidad Argentina que se ajusta exactamente a nuestra realidad.

Mayo 14, 2012 Por: Jorge D’Amario Cané “En todos los tiempos y lugares el que expresa su verdad en voz alta, como la cree, lealmente, causa inquietud entre los que viven a la sombra de los intereses creados”. José Ingenieros.


En la sociedad en la que vivimos, coexisten diferentes tipos de hombres. Según José Ingenieros, “no hay hombres iguales”, por ello los divide en tres tipos: El hombre inferior, el hombre mediocre y el hombre superior.

Ingenieros exalta al tercer grupo de hombres, aunque -sin menoscabar la presencia de los dos anteriores- exalta al idealista. El hombre inferior es un animal humano. Su ineptitud para la imitación le impide adaptarse al medio social en que vive; su personalidad no se desarrolla hasta el nivel corriente, viviendo por debajo de la moral o de la cultura dominante, y en muchos casos fuera de la legalidad. Esa insuficiente adaptación determina su incapacidad para pensar como los demás y compartir las rutinas comunes.

Si observamos la comunidad en la que vivimos, podremos comprender que estamos rodeados de hombres inferiores, que carecen de principios, de la capacidad del discernimiento, son seres que no pueden diferenciar lo bueno de lo malo, lo legal de lo ilegal, la derecha de la izquierda, la actitud lógica de la actitud ilógica. A este grupo pertenecen los linyeras, los asaltantes, los que roban sin códigos, ni sensatez, ni vergüenza y los que viven pobremente sin poder acceder a un nivel de vida mejor por incapacidad o por comodidad.

El hombre mediocre, por su parte, -tipología superior al hombre inferior- es incapaz de usar su imaginación para concebir ideales que le propongan un futuro mejor por el cual luchar con hidalguía, con códigos claros, con inteligencia y con deseos de cambiar el orden de las cosas para beneficio de la sociedad en la que vive y se desarrolla. Son, ni más ni menos, los títeres sociales que jamás cuestionan a los que detentan el poder político y conducen el batallón de los inútiles en los que están insertos. Pero como es mediocre, se vuelve sumiso a toda rutina, a los prejuicios, a las domesticidades y así se vuelve parte de un rebaño o colectivo, cuyas acciones, ideales, decisiones o motivos no cuestiona, sino que ciñe su conducta y pensamiento a los que ordenan y los sigue ciegamente.

Dice José Ingenieros que el hombre mediocre es dócil, maleable, ignorante, un ser vegetativo, carente de personalidad, contrario a la perfección, solidario y cómplice de los intereses creados que lo hacen borrego del rebaño social. Vive, pues, según las conveniencias. En su vida acomodaticia se vuelve vil y escéptico, es un individuo cobarde. Los mediocres no son genios, ni héroes ni santos. Esos hombres forman el importante grupo del que se valen los “líderes políticos” para conformar las grandes manifestaciones populares de apoyo que nos sorprenden ver en los distintos tiempos de la historia.

Estos seres forman hoy un grupo muy grande de individuos que los diarios muestran masificados en ideologías políticas, deportivas y sociales, portando carteles, pancartas y banderas, serviles soldados de vincha, bombos y fanatismo. Un hombre mediocre no acepta ideas distintas a las que ya ha recibido por tradición, continuador de la herencia biológica, sin darse cuenta de que justamente las creencias son relativas a quien las cree, pudiendo existir hombres con ideas totalmente contrarias al mismo tiempo a los cuales ignora. A su vez, el hombre mediocre entra en una lucha contra el idealismo por envidia, intenta opacar desesperadamente toda acción noble, porque sabe que su existencia depende de que el idealista nunca sea reconocido y de que no se ponga por encima de sí. Es más: lucha por atrapar a los idealistas, para arrastrarlos hasta su redil y domesticarlo para convertirlo en un hombre mediocre más.

El mediocre es un tipo de hombres que integra el grueso de los que luchan por un caudillo, el que es afín a un jefe y no piensa sino que ejecuta, porque su mentalidad no le da para otra cosa. Es el tradicional “gaucho” que da su vida por el “caudillo”. Por cierto nuestro país está saturado de “gauchos” de ese tipo, está saturado y también hastiado de hombres mediocres. Son los que no reaccionan cuando observan que los políticos roban y mienten, son los que aplauden complacientes los discursos bochornosos de los que usan las tribunas, los ámbitos culturales o la cadena nacional, para despotricar contra los inteligentes porque son más capaces que ellos mientras se ganan la voluntad de los que conforman su inescrupuloso y vergonzante grupo de inservibles útiles, sin ponerse colorados.

Estos mediocres, orgullosos de su mediocridad acomodaticia conforman en la Argentina la reconocida comparsa de los cómplices, entre los que podemos mencionar a los políticos que los siguen y aplauden como autómatas las estupideces de los discursos de circunstancias y a los piqueteros inadaptados a los que les da lo mismo pasarse un mes tomando mate y luego pasar por caja para cobrar su “emolumento” sin trabajar, o cortar una calle, prender neumáticos en las esquinas o en las rutas cortando el tránsito y perjudicando a todos, indignamente. Y si las circunstancias lo ameritan, también pueden asesinar al prójimo porque no tienen moral, ni respeto, ni honestidad. Son los que viajan al interior para los actos políticos, no importan las distancias, y son premiados luego con una coca y un sándwich para aplaudir las estupideces y las mentiras de quien utilice una tribuna. Increíblemente, cada día hay más hombres mediocres en el país de los argentinos.

Pese a que todos los hombres nacemos iguales, una enorme cantidad de seres, a medida que van creciendo, se mediocrizan, no crecen intelectualmente, no por falta de oportunidades. Se mediocrizan cuando, como ovejas van detrás del sonido del cencerro agitado por la oveja madrina. Sin pensar, sin analizar hacia dónde va el país, qué riesgos corremos con la economía, por qué cada día cuesta más vivir, por qué razón dilapida el dinero de la gente alimentando a una pléyade de vagos que sólo sirven para aplaudir a la impresentable presidenta de los argentinos.

Los mediocres, generalmente se dedican a aplaudir cualquier barrabasada que digan sus jefes o jefas por la caja boba. En cambio, los ilustres no hacen política, no matan, no se corrompen, no se burlan de los pobres, no hacen negociados, no parlotean estupideces por la Cadena Nacional, no usan el dinero del erario público para hacer negocios personales, no trafican con las piedras preciosas sacándolas sin pagar impuestos por el estrecho de Magallanes rumbo a Chile. Ilustres hubo muchos en la historia y perduran. Los mediocres pasan y no perduran en la memoria ni de la historia más que como ejemplos de pobreza intelectual.

Pese a la gran influencia que los mediocres tuvieron en la juventud latinoamericana de finales del siglo XIX y primeros tiempos del siglo XX -y en especial en el movimiento de la Reforma Universitaria iniciado en 1918- algunos han perdurado como el ejemplo pernicioso de un país en decadencia. Y hoy, por desgracia, los mediocres llegaron a la locura de formar parte de la estructura básica en el que se asientan las decisiones más trascendentes del grupo circense que detenta el poder en la Argentina. Es más, es tan mediocre ese Poder que, como el caballo de campo, mira siempre adelante porque las anteojeras no les permiten ni siquiera ver lo que pasa a su lado.

La teoría de José Ingenieros, fue tomada y reformulada dos décadas después, por el filósofo y ensayista español José Ortega y Gasset, para construir su conocida antinomia entre el hombre-masa y el hombre-noble, realizada en su libro “La rebelión de las masas”. Los mediocres hoy conforman la multitud de hombres-masa que no piensa, que no razona, que no utiliza el cerebro para analizar e interpretar que nos estamos yendo a pique e hipnotizado sigue aplaudiendo a los dueños de nuestro cadalso. Cuando se los ejecute en el tablado, el único que se salvará será el verdugo. Los otros, por idiotas verán rodar las cabezas inservibles de los mediocres porque ni siquiera, estos, han servido para pensar en lo que se les venía encima. La Patria necesita esfuerzo y lucha, no mártires. Aunque los mediocres, también pueden serlo.

Se puede morir por la Patria por tres razones: por patriota, por idealista o por idiota. El mediocre es un idiota pero como es idiota no se da cuenta de lo que es. Por eso aplaude a los que les tiran unas migas de su pan. Sin embargo, bueno sería pensar que la Patria necesita brazos fuertes y mentes frescas y desarrolladas pero vivas para construirla, para crecer, para hacerla digna de ser vivida. Tampoco necesita la Patria un gobierno de mediocres, inútiles, ineptos, custodiados por esbirros y mastines. La Patria no lo hubiera querido, seguramente, jamás. Este grupo de expulsados por Perón de Plaza de Mayo el 1 de mayo de 1974, por estúpidos y peligrosos, lleno de seres mediocres, hoy ha usurpado el nombre del fundador del peronismo y los hombres, tan mediocres como ellos, que en este país sobran, que no piensan y no tienen capacidad de reacción, se la creen.

Los personeros mediocres de la liviandad, de la fiesta, de la codicia y de la estupidez colectiva, los nombres de la impunidad funesta que llenan con sus nombres las páginas de los diarios, nos llevarán a terreno cenagoso muy pronto si no los paramos antes. Sólo hace falta acción y voluntad de cambio.

Mientras tanto… sigan aplaudiendo, mediocres.

Jorge D’Amario Cané
Director Periodístico de Radiomercosur.com
jcane@radiomercosur.com